El corredor peatonal Francisco I. Madero es un ejemplo de las iniciativas smart que buscan que las transformaciones urbanas contribuyan a la construcción de ciudades inteligentes.

 

Es común que al referirse a las ciudades inteligentes, se piense en innovación y tecnología, sin embargo, este concepto también se refiere en impactar a las ciudades a partir de transformaciones económicas, políticas, ambientales o socioculturales. En ese sentido el Centro Histórico de la CDMX representa un esfuerzo SMART (Start-up, Móvil, Accesible, Resiliente, y Transparente) por lograr lo anterior a través de la recuperación del espacio público.

La calle Francisco I. Madero en el Centro Histórico de la CDMX se ha convertido en un lugar emblemático de recuperación con base en una estrategia smart. Se ha convertido no solo en una calle 100% peatonal, actualmente es un gran sitio para el comercio en la ciudad a pesar de la oposición de algunos negocios en su momento. Las cifras indican que se ha vuelto la calle más transitada del país con alrededor de 200 mil personas caminando diariamente y con una enorme variedad de negocios desarrollándose.

La calle de Madero, como aún la reconocen los ciudadanos, es una de las calles más antiguas en el país con innumerables momentos históricos y expresiones socioculturales pero también una historia de abandono progresivo como le ha ocurrido a otros centros urbanos que le había llevado a una alta concentración urbana e inseguridad.

Sitios como la Calle Madero, hoy un corredor emblemático en el Centro de la CDMX que conecta otros puntos neurálgicos como el Centro Histórico, la Alameda Central o el Zócalo, deben permanecer no sólo para la redensificación de las ciudades, sino también para ofrecer movilidad urbana, espacios incluyentes y seguros y sobre todo contribuya a generar mayor calidad de vida a partir de nueva infraestructura y servicios urbanos.

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“Sitios como la Calle Madero, hoy un corredor emblemático en el Centro de la CDMX que conecta otros puntos neurálgicos como el Centro Histórico, la Alameda Central o el Zócalo, deben permanecer no sólo para la redensificación de las ciudades, sino también para ofrecer movilidad urbana, espacios incluyentes y seguros “.