Dicen que el 90% del éxito de una marca va ligado a la conexión emocional que estas establecen con su público. Puede ser. Lo que está claro es que en estos tiempos convulsos que nos ha tocado vivir, la conexión con las marcas es más que necesaria. Las consumidores seleccionamos muy bien a quién damos nuestro dinero o nuestro tiempo. Y esa selección, que hace un tiempo se hacía solo bajo el filtro económico, ahora se basa más en lo que aporta esa marca a la sociedad, en cómo lo hace, en qué prometen y en cómo van a querer cambiar el mundo.

De esta conexión hablamos largo y tendido con Víctor cuando nos contó el proyecto. Hablamos de lo que había significado el parón pandémico en nuestro día a día, en todo lo que nos había hecho reflexionar. Que levante la mano quien esté leyendo esto y no haya reflexionado con el “pies quietos” que se marcó la pandemia. Más allá de darnos unas enseñanzas que seguramente se quedarán en el olvido cuando todo esto acabe (una frase que seguramente habéis escuchado) como que las mascarillas son odiosas, el gel hidroalcohólico no es amigo de la epidermis y que estar a menos de un metro de un desconocido o desconocida es incómodo, más allá de todo esto, nos ha llevado a pensar en qué marcas necesitamos y cómo deberían de ser.

 

A nosotros también nos pasó. También nos planteamos no solo cómo deberían de ser esas marcas, sino cómo deberían de estar diseñadas. ¿En qué podríamos poner nuestro granito de arena para que todo lo que venga sea un poquito mejor?

 

Durante estos meses hemos tensado a nuestros clientes para que busquen su propósito, su diferenciación, que piensen en el legado que quieren dejar, en su huella y que no piensen  solo en llenar de ceros su cuenta corriente desde el principio.

Con La Buena Huella este ejercicio fue fácil. Desde su fundación y en su propio ADN, ya

quedaban registradas las bases de cómo la marca se quería enfrentar a todos estos cambios. En ese momento lo único que había que trabajar era en encontrar la forma de contarlo y mostrarlo más adecuada.

 

Nos involucramos mucho en la creación de un branding sostenible real, por lo que investigamos cómo lograrlo de una manera real y efectiva. Desde el plano más conceptual al más terrenal. Soportes, tintas, implementaciones, mensajes con impacto y concisos…

Seleccionamos los soportes más adecuados apropiándonos de sus colores naturales para que fuesen el hilo conductor de la paleta corporativa: colores digitales que eran reemplazables por materiales reciclados y sostenibles (como los papeles de semillas plantables) en el terreno físico. La idea es imprimir menos en general, pero si hay menos carga de tinta, mucho mejor. Complementamos los colores principales con una paleta secundaria más colorida, pero basada en la consciencia de la marca. La promesa era solo imprimir lo justo y necesario, y recordarle a sus futuros clientes que solo lo hiciesen cuando fuese totalmente imprescindible.

La elección de las tipografías se hizo con el mismo criterio. La personalidad y diferenciación eran imprescindibles, pero la carga de tinta que pudieran emplear también se tuvo en cuenta para su elección al igual que en los recursos gráficos planteados para la marca: tipografías y recursos ligeros, seamless, pero con mucha intencionalidad.

Este fue el marco que nos marcamos incluso para la parte más digital del proyecto, teniendo en el foco la sostenibilidad no solo como concepto, sino como parte de la identidad más tangible de la marca. Desde el estudio seguimos trabajando mano a mano con La Buena Huella en su plataforma digital (junto a nuestro partner tecnológico Xpazeman) y en otras partes del proyecto para seguir manteniendo y cuidando su esencia, no solo desde la concepción y creación original de la marca,

sino también en su aplicación y desarrollo en el día a día, procurando mejorar su impacto a cada paso.

 

Es difícil saber lo que nos deparará de todo esto. El futuro, de base impredecible, se ha vuelto aún más si cabe hoy en día. Lo que está claro es que todo lo que se haga desde La Buena Huella tiene un camino trazado para que su ejecución siga trabajando en la sostenibilidad, en la igualdad, en la diferenciación y en “la buena huella”, que al fin y al cabo, es lo que cualquier marca quiere dejar a su paso. Y como consumidores, lo agradecemos.